Alertan de la posible extensión de la contaminación por plutonio en Palomares con el temporal


Ecologistas en Acción reclama la descontaminación urgente de la zona.
Imagen de la recuperación de una de las cuatro bombas nucleares caídas en Palomares en 1966.

Las fuertes lluvias caídas en los últimos días en la costa almeriense pueden haber modificado severamente la estructura de la radioactividad en el subsuelo de las áreas contaminadas en Palomares (Almería) tras el accidente nuclear de 1966, extendiendo el plutonio que hay en la zona.

Así lo denuncia Ecologistas en Acción, un colectivo que lleva exigiendo 25 años la descontaminación total de la zona, algo que hoy consideran más urgente que nunca.

La organización ya denunció en su día que éste era uno de los riesgos de mantener la contaminación en el subsuelo sin actuar y alertó de que “los fenómenos atmosféricos del viento y la lluvia y la intrusión humana pueden extender la contaminación, y ésta puede afectar a zonas fuera de las vallas”.

Además, recuerdan que “cuanto más tiempo pase, más probables serán estos fenómenos y mayor el riesgo de que se extienda la contaminación”.

Por ello, los ecologistas ven urgente proceder ya a descontaminar la tierra y a acondicionar y envasar la tierra contaminada, así como “medir de nuevo la contaminación del suelo fuera de las vallas por si ésta se hubiera extendido”.

El colectivo acusa a las autoridades de inacción, lo que que agrava el problema y pone en peligro la salud de los habitantes de Palomares, y remarca la necesidad de una comunicación urgente con las autoridades de EE UU para que se hagan cargo de la tierra contaminada.

El incidente de Palomares se produjo el 17 de enero de 1966, cuando una colisión en vuelo de un bombardero estadounidense B-52 con un avión cisterna KC-135 produjo que ambos cayesen, portando el primero cuatro bombas termonucleares Mark 28 de 1,5 megatones cada una. Dos de los artefactos se precipitaron sin paracaídas, colisionando en las inmediaciones del pueblo, lo que produjo una detonación del explosivo convencional que contenían, dando como resultado la formación de una nube de partículas compuesta por elementos transuránicos que, por la acción del viento, se dispersó por una zona de 226 hectáreas.

A principios de año, cuando se cumplían 50 años del incidente, EE UU y España anunciaban un acuerdo sobre la limpieza de la tierra afectada y su traslado al país norteameriano, lo que abría la puerta a la solución del conflicto. Sin embargo, ante los escueto de los detalles sobre el acuerdo público, Ecologistas en Acción y otras organizaciones reclamaban entonces “que se hagan públicos los detalles del acuerdo y que se compense a la población local por los daños sufridos por la limitación del desarrollo de la zona y por la amenaza para la salud”, además de verificar que la contaminación no ha salido de las zonas delimitadas, algo que, con el temporal, podría haberse modificado.

El accidente supuso la mayor fuga de contaminación por plutonio hasta que sucedió al accidente de Chernóbil, en 1986.

Diagonal

 

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